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Evan se quedó contemplando por unos instantes a la ninfa que se presentaba ante sus ojos y despertaba toda clase de sentimientos en su pecho. Cuando se hubo recuperado de la impresión, recordó sus antiguos modales, aquellos que le aseguraban la pronta conquista de la doncella de su interés.

Se inclinó sobre una rodilla, tomando la delicada mano de la joven y besando suavemente la mano dijo - Mi nombre es Evan Mohamed Abdul hijo de Osiris Mohamed Ali, de las lejanas tierras de Shadil- mostrando su más perfecta sonrisa.

-…Este sujeto esta loco…- pensó Billy tratando de alejarse muy lentamente. Evan sonrió y cerrando sus ojos peino su cabello hacía atrás galantemente -Disculpa pequeña, no pretendía asustarte, pero debes saber que no es bueno estar tomando las cosas ajenas de un viajero preparado a enfrentar cualquier peligro- Evan posó ambas manos en los hombros de William.- ¿Cómo te llamas pequeña?- Billy buscó con la mirada a la dragona -…¡Shamil!...- gritó con desesperación. Evan rasco su oreja -Esta bien, esta bien ya te escuche- dijo tomándolo nuevamente de las manos.

Evan se inclinó nuevamente y recogió la brújula mágica de Johara. -Esto, es una brújula mágica, me guiará hasta un tesoro… una herencia, solo para mí…- Evan deposito la brújula en las manos de el elfo- ¿Pero que significan todos los tesoros del mundo si no se tiene con quien compartirlos?- dijo mirando de manera dulce y sumisa a la que esperaba fuera su compañera en esta aventura- Si me acompañas te daré la mitad de lo que encuentre. ¿Qué te parece dulce… Shamil?.

El elfo que se había mostrado nervioso y preocupado de repente se relajó ante la pregunta.- La mitad de un tesoro… aun cuando este sujeto estuviera mintiendo… no tengo nada que pueda ayudarme a encontrar la cura… y el símbolo de esa brújula es demasiado parecido...- pensó Billy mientras contemplaba el objeto mágico entre sus manos. -¿De verdad?- pregunto el elfo tímidamente. Evan respondió con una sonrisa y un brillo en los ojos que despejaban toda duda. - Bien te acompañaré, con la promesa de que la mitad del tesoro sea para mí. Por cierto caballero mi nombre no es Shamil, me llamo…Luna- contestó mientras miraba detenidamente el símbolo en la brújula en cual semejaba una luna menguante.